arms || faberry

Como era pan de cada día, Rachel se encontraba en su habitación la mayor parte del tiempo. Generalmente caminaba por los pasillos para ir a sus sesiones y terapias, o simplemente al estar segura de que no se encontraría con nadie. Peinando su cabello, su mente dio un salto atrás entre sus memorias más preciadas, como por ejemplo el año que estuvo en el club de coro de su escuela, allá en Ohio. Recordaba cómo amaba capturar la atención de la gente, sentir sus miradas en ella mientras cantaba con todo su corazón, cómo su cuerpo reaccionaba y la alegría la embriagaba hasta hacerla sentir que tan sólo con su pasión sería capaz de derribar cada muralla que la vida le interpusiese. Sólo que jamás contó con que aquello ocurriese.

Comenzaba a anochecer. La morena asomó su cabeza por la ventana tanteando la hora; la mayoría estaba con los doctores o simplemente tomando una siesta. Inhalando con profundidad, halló la fuerza salir de su habitación y sus vagos pasos le abrieron camino por la soledad de los pasillos. Tragó con dificultad y dejó su puerta entreabierta, en caso de que necesitara volver rápidamente. La vestimenta acorde con el hospital –camisa, pantalones y calcetines de distintos grises- junto a su desganado rostro daría a pensar a cualquiera que la conociera antes de accidente, que no había manera en el mundo que ella fuera Rachel Barbra Berry; pero lo era.

No quiso alejarse mucho de su pasillo, pero a lo lejos divisó un libro a medio abrir en una de las bancas para los visitantes, que no son muchos. Cerró los ojos y contó hasta tres, liberando todo el aire de sus pulmones al dirigirse hasta allá. En un acto rápido, se volteó y su puerta parecía estar a kilómetros, más ansiaba poder leer algo. Para su suerte, el libro era El Gran Gatsby. Con una fina pincelada, sonrió permitiéndose tomar asiento y empezó a hojearlo, acariciando cada página hasta llegar al principio. Había encontrado una buena entretención.